encuesta de management & fit
A la gente le preocupa la Ley, pero también desconfía de los periodistas
Un sondeo demuestra que casi el 60 por ciento de los ciudadanos está preocupado por la Ley de Radiodifusión. Pero dentro del mismo contexto del debate sobre el rol de los medios, el 73,7 por ciento dijo tener “algo o poca confianza” en los periodistas. La mayoría cree que las empresas privadas son más creíbles que los oficiales, pero por escaso margen.
Por E.D.
Según una encuesta de la consultora Management & Fit, a la mayoría de los ciudadanos consultados “le preocupa bastante o mucho” la Ley de Radiodifución que ayer debatía el Senado. El sondeo de opinión, realizado entre jueves y viernes de esta semana, también arrojó resultados sobre el nivel de confianza de la población en los medios y los periodistas que, de acuerdo a los responsables de la encuesta, no ha variado con respecto a la última medición.
El 59 por ciento de los encuestados dijo que le “preocupa mucho o bastante” la Ley de Radiodifusión, mientras que a más del 39 por ciento le preocupa “poco o nada”. La temática demostró tener un alto nivel de conocimiento en la población consultada, ya que sólo el 1,6 por ciento dijo no saber o no contestar ante la consulta.
Además, sólo el 12 por ciento admitió tener “mucha confianza” en los periodistas. En tanto, el 73,7 por ciento dijo que siente “algo o poca confianza” en los trabajadores de prensa. Quienes aseguran no confiar en nada en los periodistas rondan el 10 por ciento.
La encuesta, realizada el 8 y 9 de octubre entre 1.200 casos en todo el país, también manifestó que la gente cree más en los medios privados que en los oficiales. La credibilidad, sin embargo, es relativa. La mayoría tiene “algo o poca” confianza en los medios, tanto privados como oficiales. Según la consultora, “quienes votaron por el oficialismo en las elecciones tienen mayor confianza en los medios oficiales, mientras que quienes votaron por la oposición tienen poco o nada de confianza en los medios estatales, y mayor confianza en los medios privados”. De hecho, el 34,8 por ciento aseguró que los medios oficiales no le inspiran ninguna confianza.
Para el 74,4 por ciento, la nueva Ley de Medios Audiovisuales es “una pelea del Gobierno con el Grupo Clarín”. “Proporcionalmente, más personas entre quienes votaron al oficialismo piensan que la Ley no es una pelea con el grupo Clarín, mientras que los que votaron por la oposición piensan que sí lo es”, afirmó la encuestadora.
Según Management & Fit, los medios más creíbles son las radios, mientras que las revistas son las que menos inspiran confianza en la gente, incluso menos que la información en Internet. Los diarios tienen un nivel medio de confianza. Sólo el 14,1 por ciento les cree mucho, mientras que el 70,7 por ciento les adjudica “algo o poca” credibilidad, un nivel similar al de los noticieros televisivos.
fuente:diario perfil
sábado, 10 de octubre de 2009
jueves, 8 de octubre de 2009
Acusan a Vila de "presionar" a sus empleados

El Foro de Periodismo Argentino (Fopea), le envió una carta al empresario Daniel Vila -dueño de Uno Multimedios- para solicitarle "el cese de la recolección de firmas entre los trabajadores de algunas (de sus) empresas periodísticas" para que se opongan a la Ley de Medios que impulsa el Gobierno. Lo acusan de "presionar a sus empleados".
El Foro decidió tomar esta iniciativa luego de que varios periodistas denunciaran las presiones y aportaran "demostración documental" que "llegó a nuestra organización".
En la nota que le envió a Vila, FOPEA consideró que la iniciativa del titular de Uno Multimedios "en un contexto de gran crispación, puede coaccionar la conciencia de los periodistas con una posición diferente a la que Usted ha manifestado en público en relación al proyecto de ley de SCA que obtuvo media sanción de Diputados".
A continuación reproducimos la carta de FOPEA:
Nos dirigimos a Usted en nombre del Foro de Periodismo Argentino (Fopea), una asociación de periodistas que trabaja para el mejoramiento de los estándares profesionales, éticos y de libertad de expresión, a partir de la convicción de que el periodismo independiente fortalece la calidad democrática.
Es con este espíritu que queremos solicitarle el cese de la recolección de firmas entre los trabajadores de algunas empresas periodísticas que forman parte de Uno Multimedios que usted lidera, para suscribir una petición dirigida al Senado de la Nación en el marco del debate de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (SCA), tal como nos fuera informado por varios periodistas y cuya demostración documental llegó a nuestra organización.
Consideramos que esta iniciativa, en un contexto de gran crispación, puede coaccionar la conciencia de los periodistas con una posición diferente a la que Usted ha manifestado en público en relación al proyecto de ley de SCA que obtuvo media sanción de Diputados. En este sentido, al pie de la carta, le adjuntamos el comunicado que emitimos el 31 de agosto de 2009 reclamando el respeto a la cláusula de conciencia en el ejercicio profesional. Allí señalamos, entre otras cuestiones, que "los directivos de las empresas periodísticas tienen todo el derecho de utilizar los espacios editoriales para expresar la opinión institucional. Pero lo que no pueden es exigir a sus periodistas que degraden su trabajo profesional para ponerse al servicio de sus intereses, ya que la libertad de conciencia de los periodistas debe ser respetada."
Asimismo, incluimos la posición de Fopea en relación al tratamiento de la Ley de SCA en el Congreso.
Sin más, lo saludamos atentamente,
Foro de Periodismo Argentino Presidente Gabriel Mich
fuente:infoexclusivo
jueves, 24 de septiembre de 2009
¿DONDE ESTA EL SIP( SOCIEDAD INTERAMERICANA DE PRENSA)PARA REPUDIAR LOS CIERRES DE CANAL 36 Y RADIO GLOBO POR LA DICTADURA DE HONDURAS?

¿DONDE ESTA EL SIP( SOCIEDAD INTERAMERICANA DE PRENSA)PARA REPUDIAR LOS CIERRES DE CANAL 36 Y RADIO GLOBO POR LA DICTADURA DE HONDURAS?
La sociedad que agrupa a los patrones de los medios en america latina no se expidieron sobre la censura que se esta produciendo en Honduras por la dictadura de micheletti.
Supuestamente defienden los sagrados valores de la libertad de expresion,del rechazo a cualquier intervencion estatal en los medios de comunicacion,pero llama poderosisimamente la atencion por que no repudian con el mismo enfasis que lo hacen contra Chavez y Kirchner con la dictadura de Micheletti.
¿O es que hay buenas y mals dictaduras de acuerdo con el color politico a que respondan?
¿Por que el gobierno de Hugo Chavez es una dictadura y no la de Honduras?
El SIP ,ante esta situacion ,pierde credibilidad y de este modo por que tuvieron buenas relaciones con regimenes tan sangrientos como el de Jorge Videl en Argentina y Augusto Pinochet en Chile.
Hay que recordar que en 1980,en el marco del SIP,unos de sus jerarcas maximos en esos años ,el dueño de El Dia de La Plata,salio en defensa de la dictadura militar en Argentina ante las duras acusaciones que habia hecho Jacobo Timermman momentos despues de ser liberado.
Hoy a la mañana la unica radio opositora del regimen Hondureño fue levantada del aire,Radio Globo,que encabezaba una dura resistencia a la dictadura.
En argentina,ningun medio reflejo tal censura,pero si advierte todo el dia sobre los peligrosa que seria el sancionar una nueva ley de medios que reemplazaria al decreto de 1980 emitida por Videla.
El caso Honduras refleja la claridad ideologica de los medios masivos en argentina.
La Nacion,Clarin y La Prensa en vez de poner el expulsado presidente Zelaya ponen en su lugar el "depuesto".¿Por quien?.¿pOR Una dictdura?
Varios legisladores todavia acuden al SIP,unos infames derechistas que avalan dictaduras fachistan pero repudian a las progresistas,avalando o dando a publicidad sus raices ideologicas fachistas
Entonces,¿El SIP cuando repudiara los atentados contra la libertad de prensa en Honduras?.La respuesta es nunca,por que hay dictaduras buenas y otras malas(si escuchan a sus pueblos y no a monopolios).
Marcelo Bianchi.25404267.
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viernes, 28 de agosto de 2009
ERNESTINA DIO UN DISCURSO CON TINTE A "DESPEDIDA"
DISCURSO DE LA DIRECTORA DE CLARIN
"Ningún apriete torcerá nuestro compromiso con la sociedad"
Después de entregar las medallas y distinciones, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, pronunció un breve discurso ante el personal.
"Queridos amigos: Clarín cumple 64 años de periodismo, al servicio del desarrollo del país. Hemos construido nuestra fuerza en la fidelidad a la gente. Y eso muchas veces termina molestando al poder de turno", comenzó el discurso, al lado de sus hijos Marcela y Felipe Noble Herrera.
"Hoy -agregó- sufrimos nuevos embates por defender nuestra integridad periodística. Ataques disfrazados con argumentos falsos y contradictorios. Campañas de una virulencia inusitada, originadas en zonas oscuras del poder. A las que incluso se prestan algunos que creen lucrar con eso. No es la primera vez, ni será la última".
Y concluyó: "Ningún 'apriete' torcerá nuestro compromiso con la sociedad. Nuestra misión y principios están expresados públicamente. Se reflejan todos los días en nuestros medios. A ellos nos atenemos".
Las palabras de la directora recibieron un fuerte y cálido aplauso de todos los presentes.
"Ningún apriete torcerá nuestro compromiso con la sociedad"
Después de entregar las medallas y distinciones, la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, pronunció un breve discurso ante el personal.
"Queridos amigos: Clarín cumple 64 años de periodismo, al servicio del desarrollo del país. Hemos construido nuestra fuerza en la fidelidad a la gente. Y eso muchas veces termina molestando al poder de turno", comenzó el discurso, al lado de sus hijos Marcela y Felipe Noble Herrera.
"Hoy -agregó- sufrimos nuevos embates por defender nuestra integridad periodística. Ataques disfrazados con argumentos falsos y contradictorios. Campañas de una virulencia inusitada, originadas en zonas oscuras del poder. A las que incluso se prestan algunos que creen lucrar con eso. No es la primera vez, ni será la última".
Y concluyó: "Ningún 'apriete' torcerá nuestro compromiso con la sociedad. Nuestra misión y principios están expresados públicamente. Se reflejan todos los días en nuestros medios. A ellos nos atenemos".
Las palabras de la directora recibieron un fuerte y cálido aplauso de todos los presentes.
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martes, 25 de agosto de 2009
domingo, 23 de agosto de 2009
DATOS TREMENDOS DE CROMAÑON
Antropófagos
El 15 por ciento de los muertos aquella noche funesta no había cumplido los 16 años. Agréguense cinco adolescentes de 16 años y 14 muchachos de 17: la proporción es espantosa: el 27 por ciento de los muertos por asfixia en Cromañón eran menores de edad.
Por Pepe Eliaschev*
Luisana Ledesma tenía 10 meses. Macarena Sol Cwierz, Alejandro Nicolás Flores y Ana Laura Oviedo tenían cuatro años. Gustavo Ariel Zerpa tenía seis; Sofía Segovia Ríos, siete; Iara Agustina Antón, ocho y Pablo Emmanuel Gómez, nueve. Diez años tenía Gastón Eduardo Amaya; 11 tenía Solange M. Bordón y 12 años era la edad de Lucas Gabriel Pérez y Laura G. Fernández. Trece cumpleaños habían celebrado Jorge M. Arnaldo, Lautaro E. Blanco, Ricardo Cordero y Hernán L. Rodríguez, y 14 años tenían Matías N. Calderón, Leonardo Chaparro y María Laura Bello. Quinceañeros eran María B. Santonocito, Jonathan D. Lasota, María Victoria Azaar, Lucía Propatto, Leonardo G. Cruz, Daiana Hebe Novoa, Guido Nicolás Del Centro, Gabriela A. Borrás, Adriana Inés La Via, Jonathan Iván Torres y Agustina Ruzyckys.
Estas treinta criaturas, incluyendo una beba de diez meses, perdieron sus vidas la noche del 30 de diciembre de 2004 en Buenos Aires. Quince niñas y quince varones, lúgubre simetría.
El 15 por ciento de los muertos aquella noche funesta no había cumplido los 16 años. Agréguense cinco adolescentes de 16 años y 14 muchachos de 17: la proporción es espantosa: el 27 por ciento de los muertos por asfixia en Cromañón eran menores de edad.
¿Por qué estaban ahí? ¿Por qué murieron? ¿Por qué se perdieron 52 vidas que empezaban a germinar? ¿Quién los llevó? ¿Para qué los llevaron? ¿Para qué fueron los que los llevaron, sobre todos a los niños? ¿A qué fueron? ¿Por qué se quedaron? ¿Quién los dejó entrar? ¿Quién autorizó a que permanecieran? ¿Quién cuidaba a la beba y a los más pequeños? ¿Qué miserable combinación de factores une la vida con el desprecio por esa misma vida?
El incendio que provocó la asfixia de 193 seres humanos es un magno crimen contra la infancia y la niñez, una nueva y cruel reiteración de una tragedia endógena argentina, una calamidad que no tiene nada que ver con enemigos externos, ni con “modelos” foráneos, creación autóctona del alma asesina de los argentinos.
Veintidós años antes de Cromañón, en el Atlántico Sur, la locura criminal de las Fuerzas Armadas de esa época determinó la muerte de centenares de conscriptos bajo bandera, junto a un puñado de valientes oficiales adultos que, empero, fueron la menor parte de los caídos.
La liquidación de los menores de edad en diversas circunstancias es un rasgo endémico de la patología argentina. En los años setenta, sádicos esbirros de la violencia oficial pensaban que a la hierba “mala” había que extirparla enseguida, para que no cunda. Pero en paralelo, o incluso antes que ellos, connotados cabecillas de una violencia supuestamente liberadora no trepidaban en poner fusiles y explosivos en manos de menores de edad o chicos muy jóvenes, enviados a la inmolación inexorable, con ligereza y desparpajo.
En la Argentina venimos matando criaturas o condenándolas a la muerte hace demasiados años. La truculenta “cultura” del rock, con su sudorosa devoción por la maldad y su ingenua genuflexión ante el riesgo y la violencia, es apenas un emergente más de una saga vieja y macabra.
Las sentencias judiciales por el caso Cromañón ratifican otra vieja pasión nacional: la irrefrenable tendencia a depositar todas las culpas y responsabilidades fuera de la sociedad, como si los seres humanos de carne y hueso fueran siempre congeladas estatuillas de cristal con las que los “poderes” operan de modo omnímodo.
Políticos, empresarios, funcionarios, policías, músicos: todos pueden ser culpabilizados y, de hecho, así se procede en la Argentina, pero en la sacrosanta convicción de que nunca nadie hace nada malo, jamás un individuo asume o debe asumir su propia responsabilidad. Las escenas del día del veredicto de la Cámara, en Tribunales, son en tal sentido paradigmáticas, con golpes, corridas, intentos de linchamiento, variadas formas de la proverbial barbarie en que vivimos.
¿Se hizo justicia? Desde una perspectiva estrictamente jurídica, afirmación que nada tiene de peyorativa, es casi seguro que los camaristas se han manejado con las herramientas de la ley en sus manos. Debe admitirse que muchos incidentes mayúsculos de la vida cotidiana son inasibles para los procedimientos articulados por la Justicia, palabra a la que seguimos escribiendo con mayúscula, tal vez por una ancestral ansiedad por ver en ella una monumental certeza de infalibilidad.
Pero en el caso Cromañón, adjudicar la pena a un grupo de responsables y exonerar de castigo a otros es apenas un resultado parcial de una más grande y siniestra verdad. ¿Acaso podría haber condenado la Cámara a los sujetos de esa banda (nunca mejor aplicada la palabra: en ciertas músicas, así como en el delito, a los agrupamientos los llaman así) porque no se negaron a tocar, aún cuando había en ese maldito corralón humano más de medio centenar de menores?
Es probable que la Justicia no tenga ma-nera objetiva de determinar culpas punibles por ese hecho, pero es igualmente cierto que la fase judicial del asunto no cierra, ni mucho menos, su gravedad monumental.
Cromañón fue posible no sólo por la negligencia de “los políticos”, la corrupción de los funcionarios o la voracidad de los empresarios. Hay una entera sociedad que ahora debería permitirse una introspección más digna y audaz, de cara sobre todo a la galaxia de irresponsabilidades, ilegalidades, omisiones e hipocresías con que en la Argentina la abrumadora mayoría vive al margen de la ley.
La más amarga moraleja de la tragedia, el juicio y las sentencias por Cromañón es que, eventualmente apaciguada la sociedad porque hay un grupo de personas condenadas, la historia se irá diluyendo. Centenares de personas seguirán cobrando indemnizaciones e incluso muchas decenas se aprestan ahora para encarar demandas penales al Estado, para ir por nuevos “resarcimientos”
Nadie parece preguntarse por lo más terrible, lo más inefable, lo verdaderamente irreparable. ¿Por qué murieron esos niños, esas criaturas cuyas vidas ninguna prisión de un empresario, policía o funcionario logrará recrear?
*Visite el blog de Pepe Eliaschev en www.perfil.com
El 15 por ciento de los muertos aquella noche funesta no había cumplido los 16 años. Agréguense cinco adolescentes de 16 años y 14 muchachos de 17: la proporción es espantosa: el 27 por ciento de los muertos por asfixia en Cromañón eran menores de edad.
Por Pepe Eliaschev*
Luisana Ledesma tenía 10 meses. Macarena Sol Cwierz, Alejandro Nicolás Flores y Ana Laura Oviedo tenían cuatro años. Gustavo Ariel Zerpa tenía seis; Sofía Segovia Ríos, siete; Iara Agustina Antón, ocho y Pablo Emmanuel Gómez, nueve. Diez años tenía Gastón Eduardo Amaya; 11 tenía Solange M. Bordón y 12 años era la edad de Lucas Gabriel Pérez y Laura G. Fernández. Trece cumpleaños habían celebrado Jorge M. Arnaldo, Lautaro E. Blanco, Ricardo Cordero y Hernán L. Rodríguez, y 14 años tenían Matías N. Calderón, Leonardo Chaparro y María Laura Bello. Quinceañeros eran María B. Santonocito, Jonathan D. Lasota, María Victoria Azaar, Lucía Propatto, Leonardo G. Cruz, Daiana Hebe Novoa, Guido Nicolás Del Centro, Gabriela A. Borrás, Adriana Inés La Via, Jonathan Iván Torres y Agustina Ruzyckys.
Estas treinta criaturas, incluyendo una beba de diez meses, perdieron sus vidas la noche del 30 de diciembre de 2004 en Buenos Aires. Quince niñas y quince varones, lúgubre simetría.
El 15 por ciento de los muertos aquella noche funesta no había cumplido los 16 años. Agréguense cinco adolescentes de 16 años y 14 muchachos de 17: la proporción es espantosa: el 27 por ciento de los muertos por asfixia en Cromañón eran menores de edad.
¿Por qué estaban ahí? ¿Por qué murieron? ¿Por qué se perdieron 52 vidas que empezaban a germinar? ¿Quién los llevó? ¿Para qué los llevaron? ¿Para qué fueron los que los llevaron, sobre todos a los niños? ¿A qué fueron? ¿Por qué se quedaron? ¿Quién los dejó entrar? ¿Quién autorizó a que permanecieran? ¿Quién cuidaba a la beba y a los más pequeños? ¿Qué miserable combinación de factores une la vida con el desprecio por esa misma vida?
El incendio que provocó la asfixia de 193 seres humanos es un magno crimen contra la infancia y la niñez, una nueva y cruel reiteración de una tragedia endógena argentina, una calamidad que no tiene nada que ver con enemigos externos, ni con “modelos” foráneos, creación autóctona del alma asesina de los argentinos.
Veintidós años antes de Cromañón, en el Atlántico Sur, la locura criminal de las Fuerzas Armadas de esa época determinó la muerte de centenares de conscriptos bajo bandera, junto a un puñado de valientes oficiales adultos que, empero, fueron la menor parte de los caídos.
La liquidación de los menores de edad en diversas circunstancias es un rasgo endémico de la patología argentina. En los años setenta, sádicos esbirros de la violencia oficial pensaban que a la hierba “mala” había que extirparla enseguida, para que no cunda. Pero en paralelo, o incluso antes que ellos, connotados cabecillas de una violencia supuestamente liberadora no trepidaban en poner fusiles y explosivos en manos de menores de edad o chicos muy jóvenes, enviados a la inmolación inexorable, con ligereza y desparpajo.
En la Argentina venimos matando criaturas o condenándolas a la muerte hace demasiados años. La truculenta “cultura” del rock, con su sudorosa devoción por la maldad y su ingenua genuflexión ante el riesgo y la violencia, es apenas un emergente más de una saga vieja y macabra.
Las sentencias judiciales por el caso Cromañón ratifican otra vieja pasión nacional: la irrefrenable tendencia a depositar todas las culpas y responsabilidades fuera de la sociedad, como si los seres humanos de carne y hueso fueran siempre congeladas estatuillas de cristal con las que los “poderes” operan de modo omnímodo.
Políticos, empresarios, funcionarios, policías, músicos: todos pueden ser culpabilizados y, de hecho, así se procede en la Argentina, pero en la sacrosanta convicción de que nunca nadie hace nada malo, jamás un individuo asume o debe asumir su propia responsabilidad. Las escenas del día del veredicto de la Cámara, en Tribunales, son en tal sentido paradigmáticas, con golpes, corridas, intentos de linchamiento, variadas formas de la proverbial barbarie en que vivimos.
¿Se hizo justicia? Desde una perspectiva estrictamente jurídica, afirmación que nada tiene de peyorativa, es casi seguro que los camaristas se han manejado con las herramientas de la ley en sus manos. Debe admitirse que muchos incidentes mayúsculos de la vida cotidiana son inasibles para los procedimientos articulados por la Justicia, palabra a la que seguimos escribiendo con mayúscula, tal vez por una ancestral ansiedad por ver en ella una monumental certeza de infalibilidad.
Pero en el caso Cromañón, adjudicar la pena a un grupo de responsables y exonerar de castigo a otros es apenas un resultado parcial de una más grande y siniestra verdad. ¿Acaso podría haber condenado la Cámara a los sujetos de esa banda (nunca mejor aplicada la palabra: en ciertas músicas, así como en el delito, a los agrupamientos los llaman así) porque no se negaron a tocar, aún cuando había en ese maldito corralón humano más de medio centenar de menores?
Es probable que la Justicia no tenga ma-nera objetiva de determinar culpas punibles por ese hecho, pero es igualmente cierto que la fase judicial del asunto no cierra, ni mucho menos, su gravedad monumental.
Cromañón fue posible no sólo por la negligencia de “los políticos”, la corrupción de los funcionarios o la voracidad de los empresarios. Hay una entera sociedad que ahora debería permitirse una introspección más digna y audaz, de cara sobre todo a la galaxia de irresponsabilidades, ilegalidades, omisiones e hipocresías con que en la Argentina la abrumadora mayoría vive al margen de la ley.
La más amarga moraleja de la tragedia, el juicio y las sentencias por Cromañón es que, eventualmente apaciguada la sociedad porque hay un grupo de personas condenadas, la historia se irá diluyendo. Centenares de personas seguirán cobrando indemnizaciones e incluso muchas decenas se aprestan ahora para encarar demandas penales al Estado, para ir por nuevos “resarcimientos”
Nadie parece preguntarse por lo más terrible, lo más inefable, lo verdaderamente irreparable. ¿Por qué murieron esos niños, esas criaturas cuyas vidas ninguna prisión de un empresario, policía o funcionario logrará recrear?
*Visite el blog de Pepe Eliaschev en www.perfil.com
sábado, 22 de agosto de 2009
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