sábado, 1 de diciembre de 2012

“Monte Chingolo y La Tablada: la vuelta del enemigo subversivo”

Monte Chingolo y La Tablada: la vuelta del enemigo subversivo
La propuesta de este trabajo es la de reflexionar sobre la posición que tuvo el diario La Nación en los dos intentos de copamiento de unidades militares (Domingo Viejobueno, 23 de Diciembre de 1975 y La Tablada, 23 de enero de 1989) por parte de organizaciones armadas de ultraizquierda (ERP: Ejercito Revolucionario del Pueblo y MTP, Movimiento todos por la patria). Dicho análisis se centrará en el regreso y el predominio de la “memoria de la represión” de la dictadura” en 1989, tras casi 6 años de una lucha por la hegemonía (en la sociedad y en los medios de comunicación) contra los que defendían los organismos de derechos humanos (terrorismo de estado, desaparecidos, torturas). Para eso utilizaremos las definiciones que utilizó Elizabeth Jelín y Ludmila Da Silva Catela sobre la memoria, es decir como una lucha entre sus distintos tipos para lograr la hegemonía; y como un valor no estático sino de constante movimiento o practica social de legitimación y conmemoración. Abordaremos el comportamiento editorial del diario La Nación ya que fue fundamental en el proceso (mediante la utilización del dogma de la Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos) de “demonización” del enemigo guerrillero; abriendo paso mediante “una cuenta regresiva” a la ultima dictadura militar. Aunque en el trabajo señalaré las coincidencias del discurso del diario La Nación sobre los dos intentos revolucionarios, también destacaré que estos sucesos tuvieron diferentes contextos internacionales y que el periódico tuvo posturas diferentes sobre la continuidad democrática del país. En base de esta problemática elaboré unas series de interrogantes que buscaré responder a lo largo del trabajo: ¿Qué términos utilizados por el diario La Nación en 1975 (Monte Chingolo) se repitieron en La Tablada (1989)? ¿Cuáles fueron los verdaderos motivos de la utilización de este discurso, por parte del diario, con respecto a los gobiernos de turno? ¿Cómo se constituyó el discurso periodístico dominante? ¿Qué consecuencias tuvo esa hegemonía temporal de la memoria dominante? ¿Qué sujetos políticos y sociales aparecen y no, en los dos hechos estudiados? Corpus de estudio Abarcarán el diario La Nación de estas fechas: a) del 23 al 30 de diciembre de 1975 y b) 23 al 30 de enero de 1989. En 1975 estaba en auge la guerra fría entre Estados Unidos y la ex URSS (Unión de las republicas Socialistas Soviéticas), es decir que existía una tensión diplomática y militar entre las potencias; que se vio cristalizada por la sucesión de guerras civiles y de ideologías; en países en donde estos dos países luchaban por su predominio imperial. En 1989 la situación era otra, había una distención en las relaciones bilaterales gracias a la instauración en la ex URSS del programa denominado “La Perestroika” por parte de Mijaíl Gorbachov, que desencadenó en la crisis del modelo Soviético y en su posterior desaparición en 1991. En los ’70 la política de EEUU en Latinoamérica es mediante el apoyo a regímenes autoritarios de derecha, por que le ponían un freno al avance comunista y foquista impulsados gracias a los fenómenos históricos como la revolución cubana y la guerra de Vietnam. En los ’80 Ronald Reagan decidió no apoyar más a las dictaduras y por lo tanto se prestó a avalar los gobiernos constitucionales funcionales a los intereses del imperio. Los motivos quizás fueron por que los dictadores del continente aparte de cometer violaciones a los derechos humanos, tenían contactos con los carteles de droga (caso Noriega, en Panamá .Fue un aliado de los EEUU en los ´60 y ´70 hasta que las supuestas vinculaciones con el negocio del narcotráfico y por supuestas intenciones populistas provocaron la invasión del país en 1989). Los contextos políticos y económicos de Argentina en 1975 y 1989 coinciden en el sentido en que la situación política, económica y social eran complicadas para los gobiernos de turno. En el primero, gobernaba el peronismo con Isabel Martínez; quien asumió el poder tras la muerte de su marido Juan Domingo Perón en 1974. La violencia política, y la crisis económica fueron factores determinantes para la desligitimatización por parte de la opinión pública del sistema democrático y constitucional de entonces. Con respecto a la violencia política, hoy en día distintos sectores del país esbozan una interpretación diferente. Por un lado están los apologistas del Proceso, quienes afirman que la violencia estallo en los ´70 mediante el asesinato del ex dictador Eugenio Aramburu en 1970, avalado por el general Perón, quien en entrevistas a distintos documentos propagandísticos de esa época sostenía que la violencia ejercida por el pueblo no es violencia “es justicia”. Por otro lado, diferentes organismos de derechos humanos y peronistas de izquierda afirman que los enfrentamientos tienen origen en el golpe de 1955 (después del bombardeo a la plaza de mayo), la proscripción del peronismo en los ´60 y en la represión ejercida por el ejército tras la caída de Illía en 1966. Este tipo de memoria (la lucha por la liberación) fue la que predominó hasta 1973, cuando se produjo el asesinato del secretario general de la CGT José Ignacio Rucci. Es a partir de este momento, y tras el recrudecimiento de asesinatos por parte de distintos grupos armados; es que Perón se decide por la derecha peronista. La utilización de términos “imberbes” del general contra los Montoneros y los peronistas revolucionarios; marco un antes y un después con respecto a la construcción del sentido de la memoria y de su predominio hegemónico o no. Hasta ese momento, se conmemoraban los homenajes a los caídos por la proscripción al peronismo, a los muertos de Trelew con marchas hacia los lugares de los hechos o con solicitadas en los diarios propios o comerciales. A partir del deceso del líder justicialista comienza a entretejerse (Según Díaz) una cuenta regresiva del gobierno constitucional, a través de los medios de comunicación y los políticos; mediante la degradación de la figura presidencial y de su gabinete. La Nación construye este sentido fundándose en la doctrina de Seguridad Nacional mediante una figura abstracta y negativa: el “el subversivo”. Pero con respecto a este término indefinido y amplio que utilizaron los sectores burgueses representados mediantes notas de opinión, crónicas, solicitadas en el diario de la familia mitre, me referiré más adelante. En 1989 el gobierno del radical Raúl Alfonsín tenía un panorama negro, ya que la inflación, la inestabilidad política tras el conflicto con los carapintadas años atrás y la devaluación; hacían presumir que en primer lugar no ganaría las elecciones presidenciales que se celebraban ese año, y por otra parte, estaba latente la posibilidad de golpe de estado. En enero de ese año se produjo el intento de copamiento por parte del MTP del Regimiento de La Tablada, siendo derrotados por una represión feroz por parte de varios sectores de la seguridad del país (policía federal, bonaerense, ejército). A partir de ese momento y, a través de la confirmación de que varios de sus integrantes formaban parte de organismos de derechos humanos; es que comienza un descredito por parte de los medios y de ciertos sectores de la opinión publica con respecto a la temática de los derechos humanos. En la región, Argentina formaba parte de una “ola democrática” que surgió tras la nueva política exterior de Estados Unidos; quien abandonó su atención sobre Latinoamérica para centrarse en medio oriente y en sus riquezas de petróleo. Es por eso que simultáneamente a nuestro proceso constitucional otros países hermanos siguieron el mismo camino, por ejemplo Uruguay, Brasil y durante 1989 Paraguay y el comienzo de una transición en Chile. La Nación El diario La Nación salió a las calles por primera vez el 4 de enero de 1870 fundado por el ex presidente Bartolomé Mitre. Hacia 1909 abandonaría la militancia política y miraría a la política, según R. Sidicaro desde arriba. Ideológicamente es conservador, preservador de las instituciones democráticas y defensor del modelo agro-exportador. Es por eso que frecuentemente fue y es leído por sectores tradicionales vinculados al agro y la clase burguesa de las grandes ciudades. Durante la etapa de las dos primeras presidencias de Perón fue prudente en sus editoriales con el mandatario, quizás por el temor de correr la misma suerte del malogrado diario La Prensa, cerrado tras una guerra con el poder justicialista. Durante la última presidencia de Juan Perón coincidía en los lineamentos básicos del viejo líder en el sentido de restablecer la paz y el orden en el país. Sin embargo y lentamente La Nación empezó a realizar críticas al gobierno por su excesivo intervencionismo en el sector agroexportador y a la falta de respeto por los principios liberales que el periódico defiende desde sus inicios. Finalmente acusó a los peronistas (principalmente a la gestión de Héctor J. Cámpora) por el caos “subversivo” que el país había llegado, y paulatinamente construyó la idea de que era necesario “un gran cambio” por el bien de la nación El enemigo subversivo La idea del subversivo enemigo de la “patria”, de los “valores cristianos”, etc.; comenzó a construirse en base de la Doctrina de Seguridad Nacional elaborados por los Estados Unidos en los ´60 frente a la influencia de la revolución cubana en Latinoamérica. Este término comenzó a utilizarse por la dictadura de Onganía y Lanusse contra los movimientos populares que se estaban registrando a lo largo y ancho del país como El Cordobazo. La construcción lógica del discurso antisubversiva era la siguiente: existía un “nosotros” (“argentinos”,”patria”,”nación”) que era castigado por fuerzas extrañas, extranjeras y violentas (“anti patria”,”extremistas”,”delincuentes subversivos”). En este concepto totalitario y destructivo del otro, estaban incluidas cualquier tipo de organismo o individuo crítico contra la forma de vida capitalista y occidental; por la cual deberían ser eliminados mediante el uso de la represión. Hasta 1974 La Nación junto con otros diarios condenaban cualquier acto violento, sea “subversivo” (guerrilla) como extremista (parapolicial de extrema derecha). Pero con el pasar del tiempo su foco estaría centrado en el primero, con una abundancia de términos despectivos y negativos contra la guerrilla de izquierda y el ERP, o como la denominó Marina Franco, la “inflación del enemigo subversivo”. La violencia “subversiva” era el verdadero problema nacional por lo cual deberían erradicarse con la mayor de las fuerzas posibles. El diario se sumaba a la acción psicológica de terror a la violencia guerrillera, mediante un discurso hegemónico que, sin decirlo literalmente, alentaba a que las Fuerzas Armadas interrumpieran el gobierno constitucional. El ejército (según La Nación) debería intervenir en la vida política por que efectivamente, esta institución tuvo muchas victimas por la acción de los “extremistas de izquierda”. Hegemónicamente, dominan en esta etapa las memorias de los asesinados por la “subversión”, recordados constantemente en las notas de opinión; y donde nunca aparecen las denuncias de los organismos de derechos humanos sobre los abusos de la represión estatal. En 1975 los grupos que defendían, y pedían justicia por los asesinados por la Triple A o el Ejercito eran: Liga Argentina por los derechos del hombre ,el servicio de Paz y Justicia(SERPA),EL Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos(MEDH),y la Asamblea permanente por los Derechos Humanos(APDH). Como actores políticos, intervenían en sus notas los discursos de los jefes castrenses, los obispos de la iglesia católica y por otra parte ocultaban a las de la guerrilla y sus familiares. Esto puede observarse en las ediciones del diario con respecto al intento del ERP de copamiento del Batallón de Monte Chingolo, donde con adjetivos se refiere negativamente hacia los guerrilleros con términos como “delincuentes subversivos”, ”organizaciones extremistas” ,”bandas”. Además, la división que el relato represivo construye alrededor de “Nos” y “Ellos” se ven cristalizados ante la circular que el General Jorge Videla les dirigió a los que permitieron la recuperación del regimiento. En este documento, se pueden distinguir: Un “Ellos”:(Banda subversiva, Enemigos de la paz, orden y seguridad pública, Enemigos de la patria) y un “Nosotros”:(Alto sentido del patriotismo, Triunfo de las fuerzas del orden). También se publican declaraciones de la Unión Cívica Radical (UCR), la iglesia, los empresarios etc.; condenando la intentona. Lo más curioso es que interviene otro espacio de la memoria vinculado con el golpe de 1955 llamado la “Comisión de afirmación de la Revolución Libertadora” quien ,atraves de declaraciones del ex dictador Isaac Rojas le echan la culpa de todo este “caos” al gobierno de Campora, por la liberación de los presos políticos mediante una amnistía. Quizás sea este grupo un antecedente de la “memoria de la represión” los que posteriormente reivindicarán a lo actuado en 1976; Rojas reafirma la memoria de los caídos por la guerrilla y pide que se haga justicia. Este mismo grupo seguiría existiendo en 1989, por que también reaparecería para condenar estos hechos pero a su vez le indilga toda su responsabilidad del intento de MTP al peronismo de 1945. En fin, en base de la construcción discursiva del “enemigo subversivo” y de sus crímenes, comienza a delinearse a lo que Daniel Lvovich y Jaquelina Bisquert denominaron la “memoria de la dictadura”. Por su parte tras el intento del MTP de la toma del regimiento de La Tablada el 23 de enero de 1989; permitió que vuelva a resurgir como dominante la memoria de los apologistas del golpe de 1976. Según Marco Novaro, el hecho de que estos sucesos fueran transmitidos por primera vez por la televisión, provocó que a la opinión pública le vuelvan los recuerdos de la violencia setentista. Y esto permitió que los melancólicos del régimen de 1976 vuelvan a dominar la escena, reivindicando lo actuado por las fuerzas del ejército y que por lo tanto, surgieron dos grupos con distintas propuestas: a) hay que bajarles las penas a los militares implicados en la represión ilegal b) o que es necesario un indulto para la pacificación nacional. La década de los ´80 fue una competencia, una lucha entre las distintas memorias (victimas del terrorismo de estado, victimas de la guerrilla); que alcanzaron sus puntos más álgidos durante las rebeliones carapintadas de 1987-1988 y el acontecimiento de La Tablada. Efectivamente, a partir de la formación de la CONADEP (Comisión Nacional sobre la desaparición de las personas) es donde la “memoria de los desaparecidos” alcanza un nivel hegemónico; mediante la prensa y el apoyo de opinión pública. A contrapelo de esto, surgieron los levantamientos carapintadas (que reivindicaban lo actuado por ellos, ya que muchos estaban procesados por causas de derechos humanos); provocando por parte de los radicales concesiones legales como las “leyes del punto final” o de “obediencia debida”. Volviendo a que la transmisión de la tv influyo a que a la opinión pública le vuelvan recuerdos de hace 14 años atrás ;en una nota secundaria ubicada en la portada de La Nación del martes 24 de enero rezaba “Tan dramática, tan espectacular como las peores jornadas de los años setenta”, es un claro ejemplo de ese “revival” guerrillero. El periódico entonces llama a un “viejo cronista” de esos años (que no se publicó su nombre) quien narrativamente hace regresar términos, adjetivos, consideraciones utilizadas en 1975. Vuelve, mediante esta nota, la anteriormente señalada división entre el “Nos” y “Ellos”. El cronista señala que el asalto fue obra de la “subversión de la izquierda más radicalizada que ha vuelto a la acción depredadora y criminal” Esta vieja metodología de dividir las aguas entre nos y ellos, la utiliza La Nación durante las ediciones de los días posteriores. Nosotros:(Policías, heridos, Sensatos, él pueblo argentino). Ellos (banda armada, delincuentes, extremistas de izquierda, amenaza subversiva, elementos subversivos, grupo sedicioso, terroristas, intento demencial). También el diario utiliza la ironía para invocar su desprecio sobre los guerrilleros. El 25/1 se refiere a unos de los cadáveres identificados, cuya identidad era Osvaldo Farfán. En esta nota describe el lugar de los hechos, con el cuerpo de Farfán destruido por un tanque de guerra; señalando que a su lado hay un arma FAL que corrió “mejor suerte” que el guerrillero. Sin embargo, contrariamente a lo ocurrido en 1975; el diario afirma que el pueblo quiere vivir en democracia y que por lo tanto hay que condenar cualquier intento totalitario en contra de las instituciones. (25/1/89). El 26 de enero La Nación colabora con el intento de una vuelta en hegemonía de la “memoria de la dictadura”, resaltando las palabras del presidente elogiando a los efectivos que recuperaron el regimiento, pero agregando el periodista que se debe extender el agradecimiento a todos los militares que murieron antes de 1983(entre los que se encuentran las víctimas de la subversión). Es por esto que recurre a actores políticos como el obispo Aramburu (quien efectuó misa en honor a los militares-policías caídos), a las declaraciones del presidente Alfonsín, de la UCR, y de la UCD (Unión del Centro Democrático) que reivindicaba lo actuado por las Fuerzas Armadas en los 70 y en la Tablada, culminado esta declaración con un pedido de bajas de penas para los jerarcas de la última dictadura. Cunado se dio a conocer públicamente el 25 de enero que dos de los guerrilleros caídos en desgracia pertenecían a los organismos de derechos humanos, esto provocó conmoción dentro estas instituciones. Como dice Novaro, esto permitió que los partidarios de la “teoría del aniquilamiento” vuelvan a primer plano y la repercusión en la opinión pública se vio reflejada en la marchas de las madres de plaza de mayo del 24/3/1989, ya que asistió poco público. La Nación también aporto su grano de arena para que tanto los agrupamientos pro derechos humanos como de izquierdas sintieran un duro golpe tras los hechos de La Tablada. El 27 de enero publico en pequeños recuadros las declaraciones de Hebe de Bonafini y del CELS, sobre las versiones de la participación de unos de sus miembros en La Tablada. En “Críticas de Bonafini a la prensa”, reproducen los dichos de Hebe después de la tradicional ronda de los jueves, donde efusivamente grita que no “le cree a la prensa” y que quieren hacer pasar por “héroes a torturadores y asesinos de ayer, pero no los vamos a considerar nunca héroes”. Finalmente le pide a Alfonsín que se quede del lado de ellas y no de “los milicos”. Por su parte el CELS aclara que Jorge Baños (fundador y dirigente del MTP, caído en el copamiento) se desvinculó de ellos en setiembre de 1986. Estas aclaraciones y testimonios no alcanzaron para que los organismos de derechos humanos alcanzaran cierto desprestigio en esos años, produciéndose, en consecuencia que en esos momentos la memoria de la dictadura se convierta en hegemónica, en los medios y en la política. Esto culminó (en 1989 y 1990) con los indultos por parte del ex presidente riojano, quien escuchó a los principales referentes de esa memoria dominante quienes reclamaban atraves de lo diarios y medios comunicación medidas para impulsar la “reconciliación nacional”. En conclusión, La Nación en la cobertura periodística sobre el copamiento de La Tablada por parte de MTP, recurrió a la utilización de los mismos términos despectivos e indicativos de la guerrilla escrita en 1975; durante los sucesos de Monte Chingolo protagonizados por el ERP. En 1989 volvieron los recuerdos de los años setenta ,reinstalando este medio la doctrina de Seguridad Nacional antifoquista; cuyo fin es la de advertir al poder de turno y al poder político, que si no indultaba o no rebajaba las penas a los militares implicados en el terrorismo de estado ,estos hechos iban a continuar. En 1975 La Nación fue parte de una “campaña psicológica” de terror a la subversión para lograr el derrocamiento de Isabel Perón. En 1989 apoya el régimen democrático, pero por un lado asevera en la necesidad de contener a los grupos izquierdistas y la de olvidar el pasado, “para mirar al futuro”. En fin solo por unos años (pocos) logra triunfar en los medios en la clase política y la opinión pública, “la memoria de la dictadura”. BIBLIOGRAFIA UTILIZADA Lvovich,Daniel y Bisquert, Jaquelina. La cambiante memoria de la dictadura. (2008) Editorial: UNGS - Biblioteca Nacional. Jelin, Elizabeth (2002). ¿De qué hablamos cuando hablamos de memorias?, capítulo 2 en “Los trabajos de la memoria”. Madrid, Siglo XX. Catela, Ludmila da Silva (2008). Violencia política y dictadura en Argentina: de memorias dominantes, subterráneas y denegadas, en FICO, Carlos e outros (Orgs.), Ditadura e democracia na América Latina: balanço histórico e perspectivas. Río de Janeiro, FGV. Díaz, Cesar. (2002).La cuenta regresiva. La construcción periodística del golpe de estado de 1976.Buenos Aires. Editorial La Crujía Ediciones. Díaz, Cesar. La Nación y Clarín frente a la violencia política 1976-1980.Dos casos de periodismo hermesiano. (2012). http://www.cesartatodiaz.com.ar/?p=441 Franco, Mariana. Un enemigo para la Nación. Orden interno, vigencia y subversión, 1973-1976.2012.Fondo de Cultura Económica, p.241 Blaustein, Eduardo y Zubieta, Martín (1998). Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso. Ediciones Colihue, Buenos Aires.